28 de enero de 2015

Sexo en el trabajo

Pues resulta que recientemente me entero que en las oficinas de la empresa que me esclaviza (una PYME de al lado, pues) existe muy por debajo de la mesa toda una "red sexual" entre compañeritos. Después de más de una entretenida conversación con algunos personajes de oficina, hombres y mujeres por igual, salen a flote historias de sexo laboral por demás interesantes que no conocía. 

Nomás que no te pase como a este funcionario de Campeche, que grabaron en el 'metisaca'


Es que 'ya tú sabe', el sexo nos genera un morbo sabrosón que no se puede dejar de lado, sobre todo cuando es irrespetuoso con el supuesto "honroso lugar de trabajo".

Todo comenzó cuando toqué el tema de que en la última posada, me separé de la bola de gente para ir "a hacer pis" y en el camino me encontré a un tipejo pedante, más bien "sangre pesada", fajando con una alegre señorita de administración. La distancia entre sucursales no fue impedimento para que el "amase de carnes" se detuviera, nada de eso... al contrario, sirvió como pretexto y hasta justificación para presionarse mutuamente (teóricamente, porque en la práctica ya se estaban presionando las carnes con toda la alegría del mundo). "Pero nos van a ver"... "si no es ahora, chiquitita, ¿Cuándo?"... "pero estás casado y..." ... "pero aquí no"... todo eso alcancé a escuchar en el camino al mingitorio, además que soy un mitotero de lo peor (fan de TV Notas y así).

Total que ese era mi tema de conversación a un par de compañeros de mi confianza: la impunidad con la que el faje mencionado sucedió. Pues esa historia calenturienta fue suficiente para destapar una alegre cloaca sexual existente desde hace muchos años en el negocio en cuestión, que estoy seguro así es en todos lados.

Me platicaron de que, por ejemplo, hace algunos años prácticamente todas las solteras de una sucursal agarraron pareja (una 'víctima' por semana) y como motosierra, no dejaron palo parado. "¿Por qué no me entero de esa diversión?" pregunté, "Porque es información de arrabal" me dijeron.  Comprendí que cuando eres de mando medio hacia arriba, obviamente no te toca enterarte de muchas historias. Una damita fue el caso extremo de esa fiebre de 'plaser': quiso probar todos los sabores de la oficina y se echó al plato a cuanto pito se le ponía "firmes" enfrente... nomás le faltaron los que por la naturaleza de su puesto, no podía invitar al camastro... ¡Golosona!

Comprendí tantas cosas, tantos gestos y sonrisitas que yo veía con la comodidad del que no sabe qué pasa. Habían copulado sabroso y se les notaba, tan tan. Total que darme cuenta de esto me quita la ceguera de taller (en plan sexual) y me trato de imaginar las historias vividas, por ejemplo, por los maestros de la secundaria que anduvieron dando clases en ranchos lejanos (y que platicaban con sonrisitas sus paseos, ¡Todavía me acuerdo, picarones!), las fiestas carnales de mis maestros de carrera (imagino un bukkake grotesco con todas las maestras), las aventuras de los talleres con las secres, al más puro estilo de las películas de ficheras pero con más peste, y un larguísimo etcétera.

¿Cuántas historias habrá en la calle que sean dignas de contarse y que se pierden en el encéfalo de las parejas cachondas? Nunca lo sabremos, pero si me sé alguna, te la platicaré.

Las aventuras sexuales de la secre y la misoginia, muy contadas... pero ¿Y las demás historias?

No hay comentarios: